domingo, 29 de enero de 2012

"Mr.Elich";Asunto: "Me gusta el teatro"

ESCENA I



La secuencia transcurre en una cafetería bohemia. Tal vez poseyese unos pósters de carteles franceses del siglo XIX, o simplemente una nube de humo, música jazz de fondo y un grupo de clientes de aspecto interesante (y poco más).




El camarero va vestido con un mandil blanco que le cubre hasta los pies, la maquinaria parece obsoleta aún luciendo brillante y bien cuidada, sin embargo claramente conoció tiempos mejores.
Todos los clientes de la cafetería son distinguidos señores con gafas y bigote y un sombrero que en ocasiones es bombín o sombrero de copa, dependiendo de la clase social del caballero en cuestión. Todo el mundo está absorto en sus pensamientos, o conversa discretamente con el más próximo a sí.
De trasfondo, un periódico. Que los clientes ojean y dejan, y pasa de manos rápidamente. No tiene tiempo para descansar, pues nadie le quita el ojo.

Pero el escenario está presidido en verdad en una mesa central en la que toman asiento tres caballeros muy curiosos, y a cual más sorprendente.

Uno va vestido con un traje canela[DonFederico], otro con una pieza a cuadros[DonIñaqui], y el último va ataviado con un conjunto que incluye el mismo sombrero, todo de pana marrón[DonJordi].

[DonJordi] ¿Habéis visto las noticias?
Silencio
[DonJordi] ¿El hombre ese que ha muerto al explotar la batería de su móvil?


[DonIñaqui] Me sabe mal. Nunca sabrá si al final le llamaron o no.


[DonJordi] Le perforó un pulmón, le rompió las costillas y hasta sufrió daños en la médula.


[DonFederico] Estás dando por sentado que esperaba una llamada. Me gustaría pensar que quiso vivir con el móvil; que un día descubrió que se despertaba pensando en él. Que no comía, que no hubo nada más que satisficiese su espíritu si no era su melodía; el tacto de sus teclas, la carcasa y hasta el cargador.


[DonIñaqui] Bueno, pensándolo bien seguro que su esquela sería bastante barata; algo así como "Xa PP, tus amigos n t olvidan. Cntsta."


[DonFederico] Pues sigo pensando que tampoco es tanto; ¿Qué me decís del caso de aquel hombre al que drogaron el ColaCao? Se lleva a casa a sus dos prostitutas habituales y ¡resulta que ni merendar puede uno, oye!

[DonJordi] Don José Tojeiro, por supuesto. Todo un ídolo de masas hoy en día. Hasta anuncia su propia marca de Colacao, que se pone de color de habichuela roja cuando te echan droja eludiendo los deberes de la "prespetuación".

Se produce el silencio mientras los tres personajes miran profundamente sus cafés. Tal vez un niño con una gorra pasee por el escenario vendiendo prensa al grito de "EXTRA! EXTRA!", tal vez el top-manta traiga calzoncillos de imitación y las últimas películas intragables del cine en versión screener o con lenguaje sudamericano.

[DonIñaqui] Pues yo no veo ya las noticias que no hablan nada más que de desgracias.

[DonFederico] Por supuesto.

[DonJordi] Y que tú lo digas, amigo.

Otro silencio esta vez más breve sacude la sala.


[DonIñaqui] ¿Sabéis quién ha muerto del barrio y no le han encontrado hasta casi dos meses después devorado por sus gatos?


Mientras tanto por la puerta del servicio aparece una desvencijada figura que con su huesuda mano toma el periódico prestado y, tras asegurarse de que nadie le ve arranca una de las páginas y lo devuelve a su devenir errático por la sala.

Siguen nuestros protaginistas contando desgracias ajenos a lo que se les avecina justo al principio del acto próximo

lunes, 27 de junio de 2011

"Milady"; Asunto:"Los herejes de Shui (parte I)"


LOS HEREJES DE SHUI

PARTE I: Chanelo Shuita


Situado en el paso entre dos montañas que sobresalían en la cima de un monte escarpado mayor se encontraba el templo de Shui. El lugar era inaccesible salvo para escaladores expertos, algunos pasos elevados estaban cerrados incluso mediante sutiles tallajes en la roca a modo de jaula hacia adentro y sólo era posible acceder más adelante con la colaboración de alguien desde el otro lado.
Es por ello que sus gentes, que habían olvidado cómo llegó su pueblo a tales parajes eran diestros trepadores, y aunque es cierto que no nadaban en la abundancia no podían quejarse: Shui, el Dios-Regazo de la Tierra bendecía aquel lugar. No en vano a los criminales se les exiliaba, los habitantes del Paso de Shui no creían en la violencia. El destino para los asesinos, los ladrones o los traidores era indistintamente el destierro.
Así los Shuitas eran gente humilde pero de buenos sentimientos en general. Gente que creía en la justicia que provenía del templo, ellos simplemente necesitaban preocuparse de conseguir cultivar algo en aquella yerma tierra; para dicha proeza y la distribución de las distintas tareas de forma equitativa los shuitas tenían un líder. Sin embargo estaban abocados a la ignominia pues dos tabúes vitales para el modo de vida Shuita surgieron en el pecho de su gente, y una vez puestos en evidencia no podían ser acallados. Tales tabúes eran, por supuesto, el mundo exterior y el propio templo. De alguna manera aquello condenaba a su gente a no saber jamás.
El mundo exterior, laboratorio donde se ponen en práctica nuestros experimentos, el mundo real; donde acaecen los hechos, donde se desarrollan las batallas... toda la contribución que su pueblo hacía al mundo exterior consistía en mandar ladrones y asesinos de su tierra. ¿Qué concepto podría tener el mundo exterior de los Shuitas?

El templo, biblioteca extensa donde duerme el saber, vetado a los Shuitas salvo a un sutil, fino linaje. Sólo es posible acceder a él como trabajador o como cortesano, y aún así no a todas las castas les está permitido el acceso. Incluso, los trabajadores más fieles tienen vetado salir del templo.


Castas, para un pueblo, no una ciudad. Contradicciones y linajes...


Gin Leo, líder de los Shuitas, llevaba años en la crisis de los cuarenta (y años antes estuvo bastante tiempo deprimido tras el fallecimiento de su esposa). Era un líder sabio, pero notaba que envejecía y aquello le deprimía enormemente. Había pasado su vida dedicándola al conocimiento del tiempo y las estaciones. Ahora contemplaba sus manos encallecidas por los años de duro trabajo y era incapaz de reprimir sus lágrimas.
Aquello era tanto para él que los Shuitas impedían el contacto de su líder con cualquiera que no fuese su propia familia: era vergonzoso verlo en tal estado.
No sabía qué iba mal, sólo sabía que algo andaba mal y no podía cambiar sus sentimientos.

Gin Leo tuvo dos hijos, un niño y una niña. Qü-Ñao era un poco prepotente para lo joven que era y la verdad es que Shu Liya iba en camino de ser una verdadera clasista. Sin embargo tenían buenos sentimientos, simplemente se creían especiales por su edad (19 y 17 años respectivamente) y por pertenecer a una casta privilegiada de la ciudad. Y aquello llenaba de pesar el pecho de Gin Leo, pues él también se sintió un dia especial y hoy en día no era nada.
Pero Qü-Ñao y Shu Liya amaban a su padre y odiaban verlo en tal estado.

Un día acudieron en busca de la pequeña para convertirla en cortesana. Sus propios soldados la tomaron consigo y Gin Leo no pudo hacer más que llorar desconsoladamente. Qü-Ñao se comportó como un malcriado y atacó a los guardias. Por aquel acto sería condenado a la pena máxima.
Así Gin Leo se vio sólo. El tiempo le había robado a su amor y su juventud, y el Templo de Shin le había quitado todo. Aquella tarde por primera vez en unos años Gin Leo se dejó ver en la sala en la que el pequeño pueblo se reunía. Su actitud era firme y se dedicó a escuchar a los suyos buscando trabar un plan. Gin Leo había vuelto, no se había ido del todo, parece.
Y es que desde hacía años, siempre supieron sus hijos que su pesar era el objeto de los dos grandes tabúes de su gente así que tramaron en la noche un plan a sabiendas de que Shu Liya pronto sería considerada adulta y sería entregada al Templo; aquello era algo que sólo su padre, en su afán de no ver nada a su alrededor podía ignorar.
El plan había salido a la perfección. Mientras Shu Liya era conducida al Templo de Shui, Qü Ñao luchaba por mantenerse aferrado a la roca-jaula que se cerraba tras de sí.
Sin embargo, aún habiendo ganado una pequeña batalla en la resolución de los Tabúes Shuitas el miedo se iba apoderando de sus corazones a cada segundo que pasaban en dirección a su destino.
La pequeña cortesana se detuvo en la puerta de madera maciza que dividía el complejo de aquellas magníficas vistas, en aquel punto más alto del paso montañoso. Volvió la vista en dirección al pueblo y el abismo que se extendía detrás. Al unísono el varón alzó la vista antes de decidirse a continuar descendiendo hacia lo desconocido. Sin embargo, aún estando notoriamente asustados ambos continuaron intentando mostrar seguridad. Un paso en falso y puedes acabar al fondo del precipicio incluso fingiendo.
Ambos pensaron en lo mismo: Su padre, el más amado, el gran líder. Y ambos evitaron dar un paso en falso con él en mente.
Esta es la historia de los dos herejes de Shui, el pueblo más amado por el Dios-Regazo de la Tierra, y así comienza...

miércoles, 22 de junio de 2011

"Nigromante02"; Asunto: Re"Relato de variedades al más..."


RELATO DE VARIEDADES AL MÁS PURO ESTILO ESCATOLÓGICO DE NIGROMANTE02

Capitulo 2: Niña maldita.


La noche caía como un manto pesado en aquella ciudad olvidada por los Dioses. Ciertamente el significado literal de su nombre era La Puerta de Dios y aunque éste es un universo donde imperan fuerzas tenebrosas amparadas en su propia oscuridad ellos no se preocupaban sino de sí mismos. Los llamaremos Babilonios puesto que Babilim era más o menos el nombre de aquella urbe, sólo que en un plano diferente del vuestro así que en el fondo no importa. Lo que prima aquí es la historia.
Tenemos por un lado a los babilonios, gente equívoca que pasaba sus días preocupados por sí mismos y, entrando justo en los límites humanos, atravesando ya calles pavimentadas en piedra de la buena dos esqueléticos personajes traqueteaban animadamente en todos los sentidos de la palabra.
Uno era alto y enjuto. De calavera calva y paso alegre, aunque poco firme. Presidía la comitiva canturreando para sí una copla olvidada por el tiempo para evocar su valentía al introducirles sus pasos en terrero prohibido para ellos. Sus ropajes de finas telas de vivos colores movían sus flecos exóticos al viento en cada zancada sonora que éste daba.

" Son, son, para que tu lo bailes,son,son, para cantarlas al viento,
Son, son, para que tu lo bailes,son,son, para cantarlas al viento. "

Tras él una figura un tanto más gacha se amparaba en una pesada túnica para ocultar su desvencijado cuerpo. Una maltrecha cabellera con dos curiosas trenzas colgaba casi desgarrada de la substancia que fuese que la adheria a su cráneo. Portaba en sus brazos una cesta de mimbre negro muy pequeña y en su interior se atesoraba una criatura aún más diminuta durmiendo plácidamente envuelta en pieles y algodones.

" Baila mi son, asere,aplicateen el cuento, bailamelo sexy que estoy al cien por ciento, number one en el perreo, tu lo pinchas y yo lo meneo.
(bis) "

- Por última vez, Paco el Flaco. O bajas la voz o cumpliré mi amenaza.
Su voz se detuvo, sin embargo siguió marcando su ritmo fuerte en el camino mientras se introducían en la ciudad.
- Por fin llegaba a mi parte favorita, siempre estás fastidiando todo.
- Concéntrate en lo importante, amigo. Tenemos que deshacernos de la niña y huir. Podríamos causar un trastorno serio en estas gentes y eso sería peligroso para nuestro modo de no-vida.
Paco el Flaco detuvo su paso. Esto supuso que el silencio casi se adueñase de aquella calle. Un par de chasquidos a cada poco era el sonido de Hans cargando al recien nacido.
Bajó la mirada y cerró su huesuda mano. Era momento de pasar a la acción.
- ¡Bien! Tengo una idea. Me adelantaré usando mis habilidades de infiltración y encontraré un templo, luego vengo a por ustedes y así ...
Justo en ese instante, un trabajador de la mina, portando su antorcha y cubierto de tierra negra torció la esquina inmediatamente posterior en dirección a ellos.
-¡Sígueme la corriente! -le dijo a su compañero, y entre espasmos estrambóticos se sentó en el suelo tomando una posición inanimada-. Agggghhhh!!!!
Hans suspiró, y tras un segundo (bastante poco creible) también gimió y se retorció hasta tumbarse boca arriba en el pavimento.
Dejó primorosamente la cesta entre ambos y echó hacia atrás la capucha mostrando su rostro descarnado y desencajado.

El hombre, que se había aproximado, en parte siguiendo su ruta, en parte alertado por saber qué demonios ocurría bañó con la luz del hachón la escena y lo que contemplaron sus ojos le heló la sangre y calentó temporalmente sus piernas bañado por su propio orín.
La niña rompió a llorar. Aquellos gritos de Paco y Hans y el cesar de su vaivén en el camino que mecía su sueño hasta ser depositada en el suelo habían sido suficientes para sacarla de su sopor. Inquieta rompió a llorar.
- ¡Los ha matado!
Y echó a correr calle abajo.
-¡Los ha matado!-repetía.

-Genial -dijo Paco tapando sus antiguos oidos- esto no va a ser tan fácil.
- ¿Qué demonios pensabas que iba a ocurrir?
- Al menos nos lo hemos quitado de encima. Tenemos que escondernos.
- Por fin dices algo coherente-Le cortó Hans evidentemente enfadado. Tomó la cesta y meció a la niña acallando su llanto. Ahora escondeos mientras busco el templo para que nos vayamos.
Y antes de darle tiempo para darle rienda suelta a la sinhueso se marchó desvaneciéndose en la oscuridad, dejándoles solos, a él y a la niña. Estiró sus flacos y largos brazos alejándola de sí.
- Cómo estás, esto... si te sientes mal no tienes que preocuparte por nada. Yo también me sentía morir a veces pero un día todo da igual, ¿sabes?
No hubo respuesta, sinceramente tampoco esperaba una, ni siquiera la miraba directamente. Buscaba algo con su mirada, sin embargo, en dirección a donde había marchado su amigo. Por él se había quedado en aquella plaza pública detenido con una niña que no comprendía, sin saber si esconderse y así se percató de lo lejos que estaba de dominar la situación si no se armaba pronto de valor y elaboraba un buen plan en el menor tiempo posible.
Tomó asiento en el suelo abrazado a la cesta y comenzó a cantar para sí: " Son... son... para que tu lo bailes... son... son..."


Mientras tanto un caballero cabalgaba un corcel de batalla atabiado con una armadura completa en aquella noche. Se trataba del príncipe Felipe (otro príncipe Felipe, por supuesto, este es el auto-proclamado príncipe del sarcasmo de quien más adelante os contaré cosas), quien se dirigía a palacio después de una fiesta social. Detuvo su marcha un tanto hasta casi detenerse junto a un guardia de la ciudad que intentaba calmar a un plebeyo. Tan cansado y sacrificado era llevar aquella pesada armadura que él mismo gustaba de ejercer todas sus tareas como príncipe con ella. "Jodiendo a todos, jodiéndote a tí mismo. Ese es tu camino" las palabras de su maestro resonaban en su mente mientras desmontaba al grandioso corcel, "maricón...".


Para su sorpresa no desmontó su caballo aquella noche para castigar a aquel hombre, él le habló de la "muerte descarnada" contradiciéndose y llamándola "muerte encarnada en un bebé"
, no sacó gran cosa de aquella conversación pero sintió que aquella situación exigía de su inmediata intervención. Llamó a su Palomo-Murciélago-mensajero y éste se colgó grácil en su brazo.
Pensó en mandar un mensaje a su padre para informarle... sería lo lógico.
Sintió, sin embargo, que era necesario actuar por su cuenta y en su lugar remitió el mensaje a su maestro. Y mientras lo repasaba fuertemente en el papel sonrió por primera vez en cinco años. Profundamente, eso sí, y quizá en un modo que pondría nervioso a cualquiera, "Maricón" se leía. Y así el príncipe Felipe había tomado la iniciativa.

¿Cómo terminará todo? ¿Encontrará Hans la iglesia? ¿Aceptarán niñas? ¿Será realmente el principe Felipe TAN sarcástico o en verdad actúa? Y lo más importante, ¿se cagará la niña y tendrá que limpiarlo Paco? ¿Sabías que en el idioma de los Babillim el verbo To Be tiene dos conjugaciones, una para "Ser" y otra para "Estar"?
En la próxima entrega veremos qué ocurre con los no-muertos que son/están/permanecen... en terreno prohibido.
(continúa)

sábado, 11 de junio de 2011

"Milady"; Asunto: "La Furia de Niadhuro, el Terrible"

Ahí va un relatiyo que he hecho yo sobre una princesa que se enamoró una vez, sólo que ahí, en ese relato, ya se ha casado y no es la protagonista, pero bueno


LA FURIA DE NIADHURO, EL TERRIBLE

Niadhuro era un ser despreciable. Ya desde su niñez la gente solía escupir al suelo tras intercambiar unas pocas palabras con él (como sintiendo asco) y echar a correr. Resultó ser además tan estúpido como para creer que se había hecho con un puesto entre su gente; confundió respeto con subordinación, fuerza física con supremacía y se enmendó en llevar a cabo su sueño de reunir a sus propios hombres bajo su mandato.
Decía que ya de niño era detestable y siempre por ello estaba solo. Sus arrebatos de ira eran frecuentes cuando no se le hacía caso y tendía a pagarla con el primero que a su entender estuviese ignorándole abiertamente. Así nació Niadhuro, el Terrible, señor de aquellas tierras.
Contaba con la treintena cuando comienza esta historia y el hecho de que llegase a ser el Señor de aquellas tierras por derecho propio siendo alguien tan despreciable hacía de aquel páramo un lugar que nadie solía visitar por los rumores (si así es el señor cómo no será la plebe de aquel pueblacho).
Aún no os he contado la razón de porqué Niadhuro era un ser tan despreciable, bien, simplemente os diré esto: Niadhuro era un auténtico gilipollas. La razón por la que la gente escupía o huía de él en su juventud era porque tendía a bajar la ropa que cubría a las mozas, dejar en ridículo a los zagales con alguna broma de mal gusto, amén de que le encantaba ir enseñando el pene (enorme) por la calle a fin de acomplejar al prójimo. Los años le hicieron crecer enormemente en masa muscular y en orgullo, ya no era tan dado a enseñar sus partes en público (su ritmo descendió tras conversirse en señor de aquellos parajes y bajó aún más tras contraer matrimonio), era machista, jugador, borracho, despilfarrador, mal marido, mal padre, mal Señor de las tierras... pero era, sin duda, el mejor peleando y jamás se rindió. Había luchado muchas veces en desventaja numérica, o ante armas estando él con las manos desnudas, había defendido a su pueblo de los lobos y los osos y había cazado por todos en los días de fuerte ventisca sano y salvo. Es por esto que, pese a las muchas incomodidades que resultaban cuando él abría la boca para opinar se había alzado el Señor de aquella gente que le seguía no sin sentir venguenza ajena.
Así es como yo intento contar esta historia, Niadhuro era un auténtico gilipollas, pero cuando la guerra civil sumió la ciudad principal a la que eran próximos su corazón temió, pues el ejercito, para hacer frente al invierno, estaba llevando a cabo tácticas de pillaje en los pueblos limítrofes y era sólo cuestion de tiempo que atacasen sus tierras... y aquello solo podía acabar de la peor forma bajo sus órdenes. Asqueado de sí mismo, Niadhuro se dirigió a los suyos "Que os den" y bajo la falsa promesa de hacerse más fuerte para derrotar a todos sus enemigos en la montaña de los Dioses partió hacia la ciudad.
Ciertamente partió en sentido contrario, pero tras dos días de camino fue capturado por una patrulla de más de veinte hombres. Ciertamente intentó escapar en varias ocasiones, pero este narrador opina que en el fondo de su ser todo esto era un plan para poder acercarse a la ciudad y sus máximos dirigentes.
Así Niadhuro, el Terrible, quien se enfrentase a las fuerzas de la naturaleza en el pasado por defender su pueblo fue puesto ante el concilio de militares que ahora llevaba los temas de la ciudad. Fue puesto ante un jurado popular y acusado de traidor de la patria y de conducir a su gente a un separatismo que estaba condenando la ciudad y sumando las molestias de su captura y sus evasiones de la autoridad pedían la lapidación para su persona. Niadhuro tenía una posibilidad, la siguiente era su intervención, y si en su alegato se declaraba culpable pero expresaba su intención de trabajar de acuerdo a los designios de la ciudad sería perdonado.
Y tal y como cuentan entonces, Niadhuro en un arrebato de elocuencia , mostró su enorme pene al jurado, llamando abiertamente homosexuales a los hombres e invitó a las mujeres a darse un paseo con él en su carro de caballos. Sin embargo su alegato fue cortado a las dos frases, vulnerando su intervención y condenándolo a la pena máxima.

Aquella noche no pudo dormir. Llevaba ya un par de horas dando vueltas en la cama reflexionando sobre su vida cuando un guarda llamó su atención "Pssss, Pssss" y tras insinuarselo un par de veces tuvo que ser más explícito.
Tras tener sexo consentido con el carcelero se encontró de frente con todo un séquito de mujeres de la ciudad. Su fama tras la intervención había crecido y venían a rescatarle para tener sexo consentido con él.
Niadhuro maldijo su suerte, pues podía haber dicho que no al carcelero y haber esperado un poco más. Así, tras meditarlo, con la mayor determinación que había mostrado en toda su vida, tuvo sexo con todas ellas toda la noche allí mismo.
Cuando hubo terminado con la última , el pelotón de ejecución formado por los soldados que llevarían a Niadhuro ante el pueblo irrumpió en las celdas.
El líder, por toda respuesta dijo: "He tenido mejores polvos yo solo, pues algunas de tus mujeres son velludas como el yeti, otras huelen como hombres y resulta imposible encontrar agradable tener sexo con ellas si no es poniéndolas de espaldas y dándoles por el culo".
Estas mujeres, juntando bien bajas sus velludas cejas, se unieron rápidamente al pelotón encabezando la ejecución popular, pues a todas ellas las había convencido para tal postura.

Mientras tanto, en aquellos instantes en su pueblo, su hijo más pequeño ayudaba a peinar a su madre. Terminó y meloso besó su frente.
- ¿Donde está Papá? -dijo
- No lo sé.
- ¿Volverá?
Por toda respuesta la madre volvió el rostro a la ventana mientras el sol se alzaba por el páramo.
Sin embargo el niño salió corriendo y su risa llenó la casa entera.
Ella también sonrió para sí.
Pues la mujer de Niadhuro fue quien, cuando éste se marchó huyendo de las deudas a la capital (impuestos que... no se pagaban desde que él era el señor) puso sobre la pista de dónde podía encontrarse éste al grupo de soldados.

Sin embargo no todo murió con Niadhuro aquel dia de su lapidación, así lo cuenta el carcelero que siempre contaría esta historia, fascinado por lo grande que había sido.

Meses después de su muerte la ciudad se llenó de vida de nuevo. Y años más tarde, aún sin recordar su leyenda, la ciudad entera estaba trastornada por su paso. Decenas de chavales con el pito enorme corrían por sus calles convirtiéndola pronto en una de las más gilipollas del reino. Tanto así que no tardó en caer bajo su propia ensoñación por la supremacía y la fuerza física.

Sin embargo, aquel pueblo soportó las edades recordando hasta el día de hoy la grandeza de aquel día en que su lider se fue de sus tierras... de una vez por todas. ¡Menudo gilipollas!

viernes, 10 de junio de 2011

"Nigromante02"; Asunto: Re: "Amores perdidos"

--Archivo adjunto de mensaje reenviado--
From: nigr@mante.com
Subject: Soy donante de................ ?
To: canelo_69@latinmail.com
Date: Mon, 16 Jun 2008 14:46:35 +0200
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Amores perdidos (los más sentidos) Parte 1



Conocí de este perro en "España Directo": Un abuelito adoptó al animal allá por los nortes, tal vez fuese galicia porque esta historia tiene tintes mágicos en algunos puntos. El nombre del anciano era Tomás y al perro le llamó Tarbadié. Lo que todos pudimos ver por la tele fue realmente lo que cualquiera en el barrio hubiese visto, lo que los vecinos decían, lo que todos comentaban... Tarbadié era un chucho pequeño, endeble y tierno que cuando su dueño falleció y fue conducido a su lecho de tierra, maduró y decidió velar su cuerpo permaneciendo con él, fiel hasta el último de sus días... Los vecinos alimentaban al pequeño perro que pasaba las horas de sol bañado bajo sus rayos sobre la tumba que se resistía a abandonar. Siempre melancólico, como esperando. Así lo dijo la televisión, "Como esperando que su amo se levantase algún día si su fé en ello era inquebrantable, pero yo quiero pensar que simplemente muestra sus respetos entendiendo que jamás volverá y aún así pasando sus dias velando su cuerpo[...]"

Ilusos, lo vi en sus ojos durante el reportaje, aquel perro no estaba reflexionando todas esas horas de sol: aquel perro descansaba durante el día pues en la noche cazaba vampiros.
Ví la determinación de un cazador de muertos y eché a temblar durante un instante. Quizá el caza-demonios tenía colaboradores entre los vecinos. Quizá había llegado allí tras la muerte de su gran amor y decidió realmente convertirse en el guardián de su tumba. Cosas así no pasan todos los siglos pero pasan. En un instante pasé de temer por mi no-vida a razonar que él no me encontraría dado que es un guardián en una ciudad que no estaba en mi mismo plano. Me sorprendí a mi mismo al percatarme que del miedo había pasado al desaliento y aquello me sorprendió más que el miedo que había pasado o la tristeza que me había embargado, tal así, hasta el punto de tomar la decisión de arriesgarlo todo y hacerle una visita a aquel destructor de seres sobrenaturales y protector de los muertos. Tarbadié abrazó la muerte cuando se hizo guardian de aquella tumba y por eso puede distinguir a los muertos vivientes, tal y como tú sugeriste. Pero el hecho de llegar tan lejos... quiero pensar que exista una esperanza, una oportunidad para el dialogo.
Me tomé unos días de asuntos propios en el trabajo, empaqué unos talismanes y no me llevé conmigo guardián alguno.
Antes que nada siento haber viajado a tu plano de existencia sin haberme pasado siquiera a saludarte, pero era mi intención llevar a cabo una visita relámpago: ir y venir. El resto de los días que me había tomado serían destinados al estudio de los datos que pudiera recopilar. Contemplar con mis propios ojos si la leyenda era cierta llenaba mi pecho de algo parecido a un palpitar, quizá fuera una polilla.

(Obviaremos la historia de nigromante en su trasbordo navideño por las aerolíneas Iberia)


Y allí estábamos, el uno frente al otro; su mirada estaba oculta tras las gafas oscuras, así que no pude ver sus ojos, quizá así fuese mejor. El cementerio nevado estaba ensombrecido y silencioso comparado con la formidable despliegue de poder que se desprendía de nuestro encuentro.
Sin embargo me ví forzado a bajar la guardia pues el pequeño perrito sacaba la lengua graciosamente a un lado (aún haciendo frio) y meneaba la cola.
Dos ancianas del pueblo aparecieron atabiadas con kimonos tradicionales, una de ellas portaba incienso y la otra el té más fino con las pastas de la tierra y pan de aceite.
Mientras las ancianas se aproximaban ofreciendome una taza la rehusé amablemente (tomé sin embargo un poco de incieso que olía muy bien).
- Es que estoy muerto -le dije.
Por toda respuesta él meneó su enorme lengua al otro lado de boca. Las ancianas se retiraron y le tiraron también mi parte de las pastas partidas en trocitos porque no parecía ser dado a masticar.
El atardecer se aproximaba, tenía casi dos horas antes de que la plena noche llegase, quizá un poco más si mi anfitrión comenzaba su jornada laboral a media noche.
- Hay tantas cosas que quiero preguntarle, tantas cosas que quiero... saber... - y mientras tanto Tarbadié encontró tiempo para beber agua, volver a su posición para, repentinamente comenzar a rascarse el trasero con los dientes.
Y cuando pensaba que ya no sacaría nada más en claro de su encuentro... me trajo un palo.
Estuvimos jugando durante horas a que yo se lo tiraba y él lo recogía. Dios, fue tan divertido.
Cuando me marché de madrugada, a lo lejos, por encima de la tapia del cementerio le vi luchar con un cúmulo de muertos que actuaba con una sola mente, como un grotesco muñeco de nieve.
Tarbadié saltó gracil sobre su espalda si se colocó sobre su hombro.
Mientras el golem de carne lograba reaccionar el can infernal abrió sus fauces y de ellas una gigantesca llamarada brotó hirviendo la grasa y quemando la carne corrupta. El bramido que sus bocas producían al romper a llorar al unísono tañó sombrío en la noche.
Pero para mi aquella visión no era lo mismo... ahora que éramos amigos.
Pensando en iberia comencé a rezar mis oraciones por hacerme pasar por un tipo completamente normal, preferiblemente que cogía su avión a tiempo.

Mientras tanto, en aquel cementerio, Tarbadié continuaría trayendo ramitas para reconocer a los muertos vivientes hostiles. Aún hoy llora cada noche a la luna cada vez que un muerto no le devuelve la ramita... como su amo aquel día.

Pero aquella noche...

miércoles, 8 de junio de 2011

Re: Nueva Entrada "Milady"






Nicknme: "Milady"
Nombre Real: "Cristina Meta-anfetamina"
Edad: 11 años
Situación Geográfica: malagueña
Situación civil: soy aún una niña
Buscando: Amigos para reir

Breve Descripción Física: "Pues no sé cuanto peso y mido, pero soy como en la foto (aunque ahí salgo más interesante que de costumbre) soy una chica normal... aunque poseo una fuerza física descomunal, cosa que llevo en secreto en el colegio para poder hacer amigas".
Aficiones: "Me pusieron este apodo en mi último colegio porque no puedo estar quieta. Practico artes marciales, me interesa aprender muchos idiomas y la literatura fantástica. Conocí de la web porque a veces creo que pierdo la noción de la realidad (si no como explicarlo) y resulta que me gusta mucho internet, puesto que ponerse al día con las nuevas tecnologías es vital para el futuro profesional y al mismo tiempo me gustaría conocer gente con mis mismas inquietudes, alguien habrá...".

Frase Favorita: "Watashi wa Milady desu. Hajimemashite".

"Nigromante02"; Asunto: "Relato de variedades al más puro..."


RELATO DE VARIEDADES AL MÁS PURO ESTILO ESCATOLÓGICO DE NIGROMANTE02

Capítulo 1: Encuentros con los muertos

Dos esqueletos ya descarnados pero bien vestidos caminaban traqueteando descuidadamente por las afueras del cementerio (las puertas) y en su paseo un intenso sonido les sacó de sus pensamientos forzándoles a detenerse y conocer de dónde podía provenir aquel ruido que inquietaba a los muertos. El más gacho de ambos se inclinó un poco y descubrió que se trataba de un recién nacido en una cesta.
- No soy muy ducho al respecto, pero juraría que es un bebé.
El alto pero enjuto abrió más la mandíbula en gesto de sorpresa.
- No jodas, ¿un bebé humano? - Exclamó. Sus cuencas parecían salirse de su craneo cuando desde el hombro de su compañero asomó la testa, como temeroso-. Pero, ¿está vivo y todo eso?
- Claro, ¡está llorando! -Tomó la cesta con su huesuda mano y la exibió a su compañero-. Se habrá cagado tranquilo.
Dado que el esqueleto alto apretaba con insistencia sus manos contra su craneo a fin de que cesasen los llantos en su cabeza el segundo tomó a la criatura en brazos y esta dejó de llorar al instante.
- ¡Eres fantás... -Comenzó a decir el temeroso alzado cuando el bebé, que estaba en brazos de su amigo, mientras le miraba fijamente pegó un tirón de sus cabellos descolgando la cabeza del cuello y arrojando sus restos al asfalto.
Ya había tomado posición defensiva el esqueleto temeroso pues el llanto era atroz para sus oídos cuando para su sorpresa el bebé comenzó a reir alocadamente.
- ¡Pero ponme la cabeza estúpido! - irrumpió así su compañero en sus pensamientos.
El esqueleto animado alto instaló de nuevo rápidamente la cabeza a su compañero añadiendo, casi rogando "- Pero, ¡haz que calle, por favor!"
Asió con un brazo al bebé y comprobó con la otra que era una niña.
- Bien -dijo él-, no se ha hecho caca.
- ¿Bien? - exclamó su compañero- ¿Has metido tu mano ahí buscado eso? Te diré una cosa, Hans yo hace mucho me deshice de todos mis efluvios y hace mucho también que decidí no tener nada que ver con esas cosas. Y ahora llegas tú y metes ahí la mano como si nada. Si lo ha dejado ahí la madre será por algo.
- ¿Se puede saber qué estás diciendo? - Le cortó.
- ¡Y vas tú y metes la mano!
- ¡Paco!
La niña volvió a llorar.
Paco, el esqueleto alto y enjuto tapó de nuevo sus antiguos orificios del oído interno con las manos y retrocediendo unos pasos tartamudeó "Pe... Pero haz que se calle".
Hans la arribó con ambos brazos y jugó con ella en volandas... pero nada. Le hizo incluso su mejor imitación de animales pero con aquel público la cosa se ponía difícil. Y entonces sólo escuchó un ligero chasquido y todo comenzó a dar vueltas para Hans.
En el transcurso de aproximadamente un segundo reparó que sólo su cabeza estaba dando vueltas, pero sería incapaz de distinguir nada a su alrededor en aquel momento. Otro sonido seco acompañó al impacto contra el suelo y entonces, mientras su cabeza terminaba de rodar y se asentaba en dirección a su cuerpo pudo ver a su agresor: Paco había conseguido que la niña se callase finalmente proyectando su cabeza a varios metros de su cuerpo.
- ¡No tiene gracia! - Su tono era serio, de haber tenido ceño que fruncir ahora estaría casi... como lo tenía ahora mismo.
- Eso se lo cuentas a la señorita mollas.
Efectivamente la risa de la niña rompió la calma de nuevo en las puertas del cementerio, y mientras ella en sus brazos se agitaba en dirección a su mirada (su propia cabeza) no pudo más que rendirse a la evidencia y forzar a su cuerpo a recoger su cabeza con la criatura en brazos.
Pensando en ello, recolocó su cabeza y dijo "- Mi nombre es Hans, este es Paco el flaco, tú puedes ser... Frida"
- ¿Y porqué Frida? ¿Porqué no Petunia que es igual de feo? Petunia la llorona, jeje -Aquello pareció divertilo por un segundo-. Y Julia, o... o... porqué no... Jenniffer, suena mas imponente.
- De acuerdo, uno de tus nombres, pero lo escojo yo para ser equitativos, Julia me gusta.
- ¿Nos la podemos quedar? - Le detuvo en el camino asaltándole dirigiendo sus ojos vacíos a los suyos. Las oscuridades se miraron unos segundos...-. Por favor...
- ¡Por Dios no! Sólo piensas en tí. ¿Qué harás cuando la criatura llore? También defecará continuamente, pues es de su agrado hacerlo cada poco. Además de que estamos en un barrio muy tranquilo y todo se oye, no puedes molestar a los vecinos trayendola así porque la hayas encontrado. ¿Has pensado en el gasto económico que supone alimentarla? ¿Has pensado en ella, lo que querrá cuando crezca y necesite una habitación teléfono e intimidad?
- ¡Malditasea Hans! ¡Hay que deshacerse de ella!
-Bien dicho.
Hans tomó de nuevo la cesta e introdujo a la pequeña Julia en ella. Parecía querer dormir un poco más, y eso que la noche sólo acababa de empezar para nuestros protagonistas. Ordenó sus pensamientos unos segundos, sentándose en un banco y al final exclamó.
- La madre posiblemente la fuese a abandonar aqui creyendo que en esta ciudad hay un monasterio pegado al cementerio, o alguna suerte de extructura religiosa/municipal. Si llevamos a Julia a uno de estos destinos podemos garantizar el deseo de la madre. ¿Tú que opinas?
Paco el flaco torció el gesto y miró a la niña mientras dormía. Casi llenó de calor su tétrico pecho.
- Opino que me gustaría estar lejos de ella antes de que le dé por soltar efluvios ahora que está relajada y tú vayas a meter la mano.
Así los dos decidieron dejar el cementerio por una noche y acercarse a la ciudad que hacía no sabían cuánto les había suministrado sus cuerpos a sus nuevos hogares.
- Lo mismo la madre la abandonó porque cagaba demasiado -Siguió en su teoría Paco-. Sus efluvios goteaban por las paredes y ya no podía más. Algún defecto tendrá, Hans, le ha faltado poner en la cesta "Devolver al remitente".
Y poco a poco sus pasos se alejaron del terreno de los muertos para entrar en tierra de los vivos, ¿qué nuevas aventuras nos depararán en terreno prohibido?

lunes, 6 de junio de 2011

"Jonás"; Asunto: "Un relatiyo canino... a ver si gusta"


Al cumplir los dos años de edad a Pipo le regalaron un mordedor. Tenía todas las gamas del color negro.
Era para sus ojos el más hermoso juguete del mundo pues olía almizclado en cada mordisco y aún harapiento siempre le inducía a la nostalgia que nos evoca aquello que por primera vez podemos llamar "propio". Era el más gracioso can de la calle a su entender precisamente por lo impecable de la imagen al contemplarle en compañía de su amigo.
Yo mismo pude conocerle en el parque una tarde en la que sus patas traseras le dieron tregua y así me lo relató él, pero la memoria de un perro con el tiempo es engañosa ya que nos solemos guiar más por el sentido común.
Pipo tenía entonces dos años y aquel juguete que recibió sin ninguna razón (aún teniendo un sabor sabroso al paladar, que invitaba a exprimirlo con los últimos molares) no era de su agrado. Fue entregado de las manos de su amo que nunca tenía tiempo para jugar con él o correr por ahí alguna tarde. Aquel también era el almizclado aroma de la nostalgia del perro que vigila en la puerda. Mordiendo, nerviosamente con sus últimos molares, sin poder detenerse, sin poder parar de exprimir una y otra vez aquel sabor que se mezclaba con su saliva e inundaba su boca.
Una tarde Pipo halló la puerta abierta y la posibilad de salir a rondar el barrio y no lo pensó: Aquella era la oportunidad de deshacerse de una vez por todas de aquel maldito artefacto mascable.
Tomó el mordedor con energía y nada más asomar el hocico por la abertura resultante se encontró de lleno con el amo en condescendiente actitud sexual para una hembra pajiza. Pipo arrolló con vigor la parte baja de sus patas motrices y continuó su carrera mientras éste recomponía su compostura. Quizá alzase el puño en alto o lo agitase en alto o algo así entonces.
Lo dicho, tenemos a pipo huyendo del tipo "Estoymuyocupadoparatenderteahora" cargando el objeto de su desdicha, corrió tanto que llegó a sitio seguro y se dispuso a enterrar el objeto. Aquel era el sitio donde siempre excretaba. Se divirtió cavando con sus propias patas la tierra fresca porque mientras le llegaban olores desagradables él se deleitaba pensando en que pronto inundarían aquella cosa. Siiiii...
Inmerso en un universo de olores que pocos comprenderían como estaba no reparó en que a sus espaldas se aproximó el perro más duro de dos calles más abajo de la suya, que podría ir a su propio parque pero gustaba de rondar a aquellos incautos que tenían la poca fortuna de cruzarse en su camino sin correa. Desde su último encuentro con Dina la pastor alemán, no te puedes acercar a su trasero a olfatearla sin que ella te responda con su chillido más desagradable. Pobrecilla. Incluso él mismo en algún paseo tuvo que ignorar su insidiosa mirada del perro que duerme en casa del amo pero vive a modo callejero. Siempre su amo medió distancia en aquellos momentos para alejarlo de él. Su amo. Malditasea.
Aún no habia acabado de cavar el hoyo de la felicidad y aquel perro lo tenía ya pegado a su trasero. "Qué tienes ahí, ¿no será un hueso?", ya se relamía aqueste pensando en sus manjares antaño sustraidos a otros ejemplares menos vigorosos que nuestro protagonista.
Y él, Pipo, mientras tanto pensando en su amo con mezcla de devoción y odio, reflexionó sobre los acontecientos que le habían conducido hasta ese punto aquella tarde. Recordó lo rápido que reaccionó ante su amo para burlar su defensa y lo impune de su acción y se sintió arrepentido. En un arrebato de furia ciega solo acertó a tomar el objeto de su obsesión y atacar con la misma energía que lo había hecho ante su jefe: huyendo, eso sí.
Con la rapidez que tomó el objeto arañó con fuerza el suelo con una pata traseta a la par que tomaba impulso en su carrera. Sobra decir que aquellos perdigonazos de parque perro no sentaron bien a esta némesis de piel negra boca enorme y unos ojos que pocos pueden mantener. Jugar con dejar ciego a uno de ellos es más que arriesgado, pero lo cierto es que nuestro protagonista, pese a no tener casta con nombre en latín tenía buenos genes y podía correr con brío.
El ímpetu de aquel toro era temible. Mientras él luchaba por poner a sus patas a un buen ritmo (tienes que pasar de mover una, y otra, luego la penúltima y al fin terminar, a dar zancadas acompasadas a la fuerza que empleas), aquel daba las zancadas de dos en dos, con las patas delanteras a la par y las traseras del mismo modo.
Así, para resumir un poco los últimos segundos de la mente de Pipo, éste había pasado de la felicidad al miedo, seguido de la ira hacia su amo que le condujo a evitar que éste perro le robara lo que él pensaba que era un hueso. Preguntándose aún porqué no podía parar de mascar aquella cosa que ya inundaba su paladar pensó cuanto tiempo más podría sostener esa cosa sin ser alcanzado por su adversario en la carrera. Miró atrás y dos perros más se habían unido a la caza: a SU caza. Presumiblemente ignorando qué perseguían. Maldición, toda la maldita calle estaba pendiente de aquel evento en el que la puerta de su casa aún quedaba lejos y el endemoniado perseguidor le asediaba cada vez más de cerca. Así que... se detuvo.
Aquello desorientó un tanto a su némesis, pues le vió volverse en seco con la mirada fija en él. Y aún sosteniendo el supuesto hueso le mantuvo la mirada y lo arrojó a su alcance. Justo tras él, bajando el ritmo de la carrera, llegaban los dos agregados. El primero no lo dudó y tomó el premio de la persecución descubriendo que sabía como su vieja dueña; ya lo había soltado, en parte decepcionado, en parte asqueado, cuando el segundo perro, evidentemente en desacuerdo con la decisión de que su predecesor ganara la recompensa cargó contra éste, comenzando así una pelea encarnizada en la que finalmente el último perro salió con la cola torcida.
Pipo creyó sentirse afortunado cuando el juguete cayó a sus patas y por el rabillo del ojo pudo verse libre de la mirada de su atacante, demasiado ocupado en ver si alguien le estaba faltando el respeto con todo aquello. Tomó de nuevo el objeto: Olía como siempre, pero también a él mismo, y a su zona favorita para excretar, pero ¡ay! sabe el amo que no olería si estaba en su pata a ese perro mal educado.
Ya llevaba media calle de ventaja cuando se le echó de menos por parte de su atacante; fue un olor almizclado el que le recondujo a la pista de su perseguido, y poniendo pies en polvorosa fue a devorar a aquel que le había desafiado (pelear era para él, pues, mejor que ver pelear).
Sin embargo aquella ventaja de poco le iba a servir pues al llegar a casa la puerta estaba cerrada. Comprendió así que el amo no podría saber que había llegado, pues no llegaba al timbre y no había perro en la puerta vigilando (pues era él, recordemos). Maldijo su decisión de salir desafiando la puerta, golpeando al amo. Deseó poder entrar mientras veía al perro acercarse desde el final de la calle. De tal modo que sólo acertó a soltar su juguete y ladrar con todas sus fuerzas esperando (sin mucha ilusión en ello, es cierto) que la carga de su asaltante se detuviese en ese punto y no llegasen a un enfrentamiento colmillo con colmillo... ¡Estaba tan aterrorizado entonces! Pero continuó ladrando y no reparó en que su amo se había situado a su lado hasta que su contrincante se detuvo: le había lanzado una piedra.
Confundido dejó Pipo de ladrar y miró a su jefe, entendió que no estaba en casa pues habría salido a buscarle... Si hubiese sabido cuál era su lugar favorito para excretar... no que siempre le llevaba al más destartalado y cercano.
Sin embargo ahí tenemos al amo agachándose de nuevo al suelo, tomando el mordedor en la mano y arrojándoselo en todos los morros. Su contrincante corrió calle abajo con el rabo entre las piernas y de nada le sirvieron sus músculos contra el ingenio de su amo. De hecho se alegró Pipo de haber ido a enterrarlo a aquel parque pues su contrincante ahora sabía a qué olían sus heces.
Pipo lo entendió entonces: también los perros grandes tienen miedo de los juguetes y las cosas que hacen ruido, por ejemplo.
Y así un mordedor de todos los colores de la gama del negro que sabía a nostalgia siempre le acompañó desde entonces en la escalera mientras contemplaba la calle. Aún cuentan cómo se enfrentó a tres perros él sólo por el juguete que le regalara su amo por su segundo cumpleaños. De la gracia de su evasión y la determinación que movió su vida.
Por esa razón todos los perros del barrio orinamos en su casa, que la dueña ha puesto ya kilos de azufre en el borde y botellas llenas de... ¿agua? que no se para qué son.
Fin.
Fin.?

domingo, 29 de mayo de 2011

"Jonás"; Asunto: "Reflexiones caninas"


Las preguntas importantes de la vida son aquellas que no desaparecen de tu lado una vez las formulas (a veces las conoces pero hasta que no las entiendes no sabes porqué son importantes, puedes pronunciarlas mil veces pero no serán formuladas hasta que tu razón vaya más allá de los simples vocablos y su ímpetu dilapide nuestras convicciones marcando un antes y un después en nosotros).
Ciértamente existe algo en nuestro interior que llegado el punto se remueve y cobra vida.
Ignoro si es prescindible, sé que necesario no es, puesto que hubo un tiempo en que era felíz y no me preguntaba porqué. Corría por el mundo sin importarme por las garrapatas, o lo que dijeran los vecinos de a qué huele mi culo. No se trata de añoranzas, ojo, no deseo ser tan ignorante como un tierno cachorro; sin embargo sí, en cierto modo, envidio las aptitudes que mostramos en ciertas etapas de nuestra vida, pues somos capaces de equivocarnos (una y otra vez) y que no acabe el mundo ahí.
De momento seguiré reflexionando bañado por el sol de la tarde en el jardín, contemplando las cosas que eran importantes para mi, como el cartero, la perra de la vecina, o los gatos en general. Volveré a despertar sobresaltado, meneando el hocico, pensando en neumáticos que morder y presas a las que perseguir. Seguirá quizá resultándome todo tan cómico, a fin de cuentas ese de mis sueños soy yo mismo hará no tanto tiempo. Pero una parte de mí me dice, desde lo más profundo de mi razón que ser felíz como un cachorro era algo por lo que tenía que pasar para, llegado el punto como finalmente ha sucedido, detenerme a reflexionar en el jardín sobre la vida bañado por las horas de sol.
Ayer vi de nuevo una avispa y ni siquiera hice por morderla... ¿Quiénes somos? ¿Es la vida producto del más grandioso azar o parte de un plan cuidadosamente elaborado?
¿Qué es ser un buen perro? ¿Es mejor perro el que se sienta antes o aquel que se hace su propio sitio en la manada? ... ¿Porqué...?
...¿Porqué ni siquiera puedo culpar a mis dueños o al veterinario por castrarme?

sábado, 28 de mayo de 2011

"Jonás"; Asunto: "Hola mundo!!!"


Hola, me gustaría conocer gente que fuese como yo. Peña extrovertida, deportista y con sentido del humor. Yo messenger no tengo, la verdad es que estoy un poco pegado en esto de las nuevas tecnologías. No he probado la wii que dice "nigromante02" pero seguro que siempre es más divertido menear el rabo por tí mismo.
Ahora que he aprendido lo que es una hebra quizá me abra una para debatir sobre algún libro o algo... no soy perro de mear siempre en la misma esquina (aviso como forero innato).
También tengo mis relatos, aunque soy más chucho de ducho para estos menesteres, parece. Que si relatos de la luna, mi canción a los petardos y las campanadas, y mi último trabajo "Cuentos para no ladrar"... todo me parece bajo y falto de talento. Amén de que novela que empiezo, novela que dejo... por ahí, en el jardín enterrada...
En cualquier caso, si alguno pasa cerca de mi casa podemos quedar para jugar un partido.
La cancela está abierta.
Recordad que respondo al nombre de "Canelo" pero vamos, empiezo a acostumbrarme a "Jonás", yo también cambié después de que casi me comiera aquel pez...